miércoles 14 de marzo de 2012

Pintura: Delirio de amor. Poesía: Poema V. Miguel Oscar Menassa



POEMA V

Volver por las noches para espiar sobre tu cuerpo
las pequeñas y brillantes marcas del amor
era algo a lo cual estábamos acostumbrados
y sin embargo hubo una marca insoportable.
Una marca que señalaba otro destino
para tu cuerpo de mujer.

Una marca celeste, abierta, en lo profundo de tu carne
-cielo de nubes y de alcántaras
fuego sagrado abierto a todos los horizontes
amada
rosa sin fin como metralla luminosa
encegueciendo sin dar tregua los ojos enemigos-.

Herida insoportable, tajo de amor, en lo profundo de tus ojos
-mansa vaca dorada, paciente tejedora,
tu mar de fondo
tiene el color del bronce que en su mirada
suelen tener los grandes asesinos-.

Devastadora
voraz incendio de los bosques.

domingo 12 de febrero de 2012

Pintura: Encuentro. Poesía: Palabras y Palabras. Miguel Oscar Menassa



PALABRAS Y PALABRAS

Hilos. Nudos. Sonrisas.
Pequeña gloria.
Hombre en las tinieblas.

Soy el que ya no sufre.
No pido pan.
Pido extensión marítima.
Tus bellos ojos
extendidos a mis pies
redondos
abismales
mirando cómo brillan
mis labios en lo alto.

Piel de nueces partidas
piel de alcántaras.

Beso tu boca encandilada.
Muerdo tu boca abierta
por el delirio de la sangre
y arranco de la estatua que soy
mi pecho enamorado.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo", 2000

lunes 6 de febrero de 2012

Pintura: Torbellino. Poesía: Otra. Miguel Oscar Menassa






OTRA

Ámame con la violencia de las amantes griegas
que suelen perfumadas esperar a sus hombres
en pequeñas alcobas de tierra en las colinas
porque tengo en el alma profunda una tristeza.

Ámame con la esperanza de los sacerdotes fenicios
que solían navegar junto a sus fieles
en alocados mares de variados colores
porque tengo en la mirada serena una tristeza.

Ámame con la furia de los famosos tigres de bengala
que suelen silenciosos esperar a sus presas
en sospechosas guaridas en medio de la selva
porque tengo en la boca sedienta una tristeza.

miércoles 7 de diciembre de 2011

Pintura: El bien y el mal en acción. Poesía: .Adiós, cultura, mi señora. Miguel Oscar Menassa


ADIÓS CULTURA MI SEÑORA

Cuando pequeño escuchaba hablar a los mayores:

Ella, un día, abriría sus puertas,
para que yo entrara, por fin, a la vida.
Joven príncipe entrando al palacio que le corresponde.

Yo crecía
y mis amigos crecían
y todo era esperanza.

Estábamos aniquilados por una ilusión:

Ella un día abriría sus piernas, sus puertas, sus ventanas
y nosotros entraríamos en ELLA como ELLA en nosotros
y, en ese instante, el reino de los cielos en la tierra,
sería la cultura.

Con el tiempo, esperando y haciendo nuestras cosas,
-esperando de día, haciendo nuestras cosas por la noche-
fuimos transformando todas las ilusiones en banderas.

Salimos a la calle para gritar:

¡la cultura es nuestra!

¡la poesía al pueblo!

¡la mujer a la poesía!

Gritábamos de todo, después,
percibimos los aullidos de Hiroshima,
empobreciendo cualquier dolor.
Dejamos de gritar.
Con los dientes apretados,
con una palpitación interior, increíble,
como si la vida fuera eso, apretar los dientes.

En la quietud de ese silencio pasaron años.

Éramos empecinados, amábamos con fervor las ilusiones
y esa pasión entre los hielos,
fuego brutal que aún me sobrevive
y canta en el propio centro del silencio mortal,
-que me sobrecoge para matarme-
una canción,
última entre tus brazos.

Adiós,
viejo deleite cuando niño
y pensaba llegar a las estrellas.
Mi señora, guardaré en mi corazón las huellas
de haber hecho el amor con usted y algún día,
no me lo perdonarán y, sin embargo, me confieso:

Yo fui feliz entre sus carnes de violetas

Cuántas veces un soneto hizo estallar mi corazón de porvenir.

Cuántas veces la armonía, la perfecta armonía, vuestro Dios,
hizo que de mis ojos cayera una lágrima.

Y acunando a mis hijos,
supe recitar, acompasadamente,
de los grandes poetas, los mejores versos.

Y viajé por las sílabas buscando la longitud exacta de la noche.

Y calculé el destino de una vocal durante años.

Y me até a las palabras.

Y viví maniatado entre las hojas de los libros.

De seguir por ese camino me tocaba la gloria,
más, una tarde, inexplicablemente, comencé a crecer.

Las palabras no cabían en las frases.
Las frases se caían de la página.

Mis sentimientos agrandaban el corazón del mundo peligrosamente.

Y al caminar,
tropezaba con las palabras
y caía.

Una
y otra vez.

Y las palabras se metían por mis ojos abiertos
y me dejaban ciego, y ahí,
precisamente, vacío de negruras,
transparencia donde la blancura hace pensar en el infierno,
la Poesía me tendió su mano y en esa algarabía,
-borrachos de habernos encontrado-
rompimos,
trastabillando juntos, todas las barreras.

Ella deformó su ser en el encuentro
y yo,
entregué mi vida en el adiós.

Miguel Oscar Menassa
De "La patria del poeta", 1991

miércoles 30 de noviembre de 2011

Pintura: A orillas del Guadalquivir. Poesía: Ventana coloreada. Miguel Oscar Menassa

VENTANA COLOREADA

El gesto del niño
que te miraba a través
de la ventana empapada

la esperanza
de que fueses blanca

la ternura piel
que tú guardabas

todo quedó conmigo.

La calle perdida
entre otras calles
tu casa mar
tu padre marino
los hijos de tu padre marino

la pieza número
con su cama alta
y tu piel de afuera.

Así te conocí
después de amarte
por la ventana abierta.

Y aun queda conmigo
cuando me deslizo
dulce
por las sendas de tus hombros
tu voz
dulce
aquí
tan cerca.


lunes 28 de noviembre de 2011

Pintura: Trazos de mujer. Poesía: Cuando ella ponía sus gritos en el cielo. Miguel Oscar Menassa

Cuando ella ponía sus gritos en el cielo

Cuando ella ponía sus gritos en el cielo,
yo la contemplaba como si morir fuera poco
y tratando de imitar sus aullidos de amor,
le gritaba en el cuello: soy tu hombre.

Cuando ella volvía del cielo en llamaradas,
yo la contemplaba como si vivir fuera todo.
Y el fuego de sus ojos anidaba en mi sangre,
su ardiente fe, despedazada en mis ardores.

Después, diluídos sus gritos, ojos cerrados,
entrábamos en la vasta zona del silencio.
Un cigarrillo o dos, alguna palabra distraída.

Después, aún, agotadas la comida y el agua,
agotados los suspiros, los fuegos, los ojos,
nos corríamos, vivos y muertos, hasta el amor.

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista", 1987

miércoles 19 de octubre de 2011

Pintura: Primer embarazo. Poesía: Todos los cuentos terminan con la vida o con la muerte. Miguel Oscar Menasa




TODOS LOS CUENTOS TERMINAN CON LA VIDA O CON LA MUERTE
I
El campo siega los corazones jóvenesy éstos ya no se parecen a las garzaso a los patos volviendo de la lagunamojados y despreocupados del frío de la tarde.
Tú eras libre y pequeña en la provinciaantes de la ciudadsolías descorrer las tranquerasque detenían las ovejaspara verlas trotarpor los callejones de tierra.Solías aprovechar tu díaviendo el crecimiento vertiginoso de los trigos
Las manzanas por detrás de la casa.La ciudad es melancólica y familiarpero en el campo de mi corazónríes y saltas por entre los tabiques hasta reventar de alegría.Morir en la sangre de mi corazón.
He caminado y violado en los alrededores de tu piel mi [juventuddeteniendo y deteniendoel hilo de tu virginidad.He corrido como los caballos de tu infanciaque te excitaban y temíaspara llegar un poco antesen el mismo momento al límite de la nochepor no haber creído en el crecimiento de las flores de tu pueblo.
Ahora vuelvo mi rostro y las oraciones de mi niñez hacia tipara convencerte de la soledad de los hombresPuedo agitar las banderas de las discordias y la cordialidadpara vencer tus años de padre y madrevenidos de un país extranjero o de la provincia.
Hemos estado juntos en la ciudadtan cerca de mi oficio como de la maldadtan cerca de mi oficio como del amory sin embargo ahoraadiós querido mío estoy cansadate descubrome ahogan las habitaciones de tu casadebajo de las casasy tú no eres el misterio ni el alga ni el juncoque turba o desborda la soledad.Me ahogan tus diálogos con el vientoy las conversaciones desenfadadas y violentas.